Saura, Buñuel y el cine como arte PDF Imprimir E-mail

NATALIA MEZ

Vizcaya, España

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Adicta al Séptimo Arte

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11-03-09

 

CINE

 

 SAURA, BUÑUEL Y EL CINE COMO ARTE

 

 

 

Sin duda las vacas son las protagonistas de las exposiciones de esta temporada. "La Cow Parade", el fenómeno mundial que consiste en distribuir por toda la ciudad vacas pintadas por destacados creadores plásticos y diseñadores, ha llegado a Madrid. Pero dentro de las numerosas propuestas artísticas que España ofrece, es obligatorio señalar dos, cada una de ellas dedicada a los realizadores nacionales más importantes de la historia del cine (junto a Almodóvar y Erice): Buñuel y Saura.

 

Saura, uno de los representantes del Nuevo cine español surgido en los sesenta, es conocido sobre todo por el film La caza (1965). Ahora, el Círculo del Arte de Barcelona reúne una colección de fotografías captadas por el cineasta titulada Mujeres & monstruos. La casualidad ha querido (aunque sus retrospectivas son frecuentes y se suelen sucederse una tras otra) que este evento coincida con el completo ciclo dedicado a Buñuel en el Cine Estudio Círculo de Bellas Artes de Madrid. “¿Y qué?”, se preguntarán muchos.

 

A Carlos Saura (Huesca, 1932-...) y Luis Buñuel (Teruel, 1900 - Ciudad de México, 1983), salvando todas las distancias (no siendo la mayor de ellas la diferencia generacional), les une una misma concepción del cine, del arte, del artista y, tal vez también, de la vida. Ambos son realizadores aragoneses que tienen muy presente el folclore español, la cultura, la religión y la tradición, así como el compromiso político, pues cada uno en su contexto fue autor de fuertes críticas al franquismo.

 

También la mujer como tema autónomo ocupa un gran puesto en sendas filmografías, aspecto que revela Saura en esta serie de fotografías en blanco y negro que intenta ser un acercamiento a la vida cotidiana femenina. “Quizás por la educación católica que recibí durante mi infancia y parte de mi adolescencia, he sentido hacia la mujer algo reverencial, como si la mujer perteneciera a otro planeta, a otro espacio no sé si superior, pero al menos diferente”. Una declaración de intenciones que no dista mucho de los retratos de las protagonistas de Buñuel, por ejemplo, de la cándida Viridiana, contemplada por hombres que la consideran un ser etéreo.

 

 

Salomé, de Carlos Saura

Mujeres & Monstruos es la cuarta exposición de Saura en Barcelona y posiblemente la más íntima en los últimos 55 años. Sus imágenes pertenecen al ámbito más próximo y personal del fotógrafo dividiéndose en dos partes: por un lado, las mujeres que forman o han formado parte de su vida y su familia. 84 fotografías en las que aparecen sus hermanas: María Ángeles y Pilar, sus compañeras sentimentales: Adela, Geraldine Chaplin, Mercè hasta la actual, Lali Ramón; y la única mujer de sus siete hijos, Anna.

 

Los retratos de escenas cotidianas muestran espacios íntimos como la ducha hasta estampas más tiernas como las madres con sus hijos en brazos, o las mujeres posando con peluches y mascotas. En esta serie titulada “Mujeres” destaca una foto que no ha sido realizada por el aragonés. Se trata de la madre de Geraldine Chaplin en su primera comunión, y constituye todo un fetiche para Saura, tanto es así que hasta la mostró en alguna película. Por otro lado, están las imágenes que en 1974 le hizo a su hermano, el pintor Antonio Saura, una serie de juegos fotográficos deformados bajo el nombre de “Ensayos sobre mi hermano”.

 

 

Geraldine Chaplin

 

El ciclo de Buñuel, que se extenderá hasta febrero, repasa toda la filmografía del director. Luis Buñuel - sobran las presentaciones- es uno de los cineastas más valorados del siglo XX, y autor de una treintena de películas. Pero para apreciar su verdadero genio es necesario un segundo visionado (aunque por muchos que hagamos siempre descubramos algo nuevo). El monográfico que propone el Cine Estudio Círculo de Bellas Artes recorre desde sus inicios vinculados a su primera etapa surrealista iniciada con el manifiesto de André Breton hasta sus últimas obras francesas, pasando por el hiperrealismo documental, las cintas rodadas en España en los años de la República o su periplo mexicano durante su largo exilio, quizás el más interesante de su filmografía.

 

Si en tiempos de Buñuel su libertad a la hora de afrontar temas tabúes como la religión y el sexo resultaba ya llamativa, hoy en día los modos de enfrentarse a la cámara de Saura se descubren casi excéntricos. Su labor artística es la de la imagen que no conoce los límites. Con espíritu visionario como los grandes maestros, Saura fue de los primeros en mezclar soportes, los cuales hoy en día con las nuevas tecnologías dejan de ser un obstáculo. En sus obras, la fotografía, el teatro, el cine... no son más que las partes de un todo: el de la imagen como arte. En este sentido, Saura, así como Buñuel, son genios que comparten una misma concepción del cine: la del cine como “arte total”, como el lenguaje universal que postularan Canudo y los impresionistas franceses en los inicios del cinematógrafo. De este modo, Saura nos ha dado en los últimos años joyas como Salomé, una rara avis del cine español, que como ya hiciera años atrás con Bodas de sangre, es una suerte de teatro, perfomance y cine documental.

 

Viridiana, de Luis Buñuel

 


En el cine de ambos aragoneses la imagen es tan importante como el sonido. En sus películas cada movimiento de cámara nos cuenta algo más que los diálogos de los personajes, ¿acaso el comentario del director sobre la situación expuesta? Tal vez sea ahí donde reside la magnitud de sus obras, en que nos hablan, opinan, sin que nos demos cuenta. Sin que advirtamos que la mirada del creador está detrás de cada objetivo. Saura así lo refleja cuando afirma que tiene una colección de 600 cámaras, de las que siempre lleva alguna en la mano, escondida bajo el abrigo o la bufanda, aunque en raras ocasiones el fotografiado se dé cuenta. Lo cual constituye otro punto más en común con Buñuel, quien afirmaba: “Me gustan las manías. Cultivo algunas. [...] Las manías pueden ayudar a vivir. Compadezco a los hombres que no las tienen”.

 

Los olvidados, de Luis Buñuel

 

Pero puede que la mayor semejanza entre ambos sea esa manía por explorar el arte. Es ahí donde reside la sempiterna búsqueda de nuevos límites del lenguaje cinematográfico que ha situado a Buñuel como figura universal de las vanguardias fílmicas de todos los tiempos. Esa inquietud natural ante el cine, ante el arte, ante la vida la misma que mantenía el maestro Buñuel es la que se desprende al observar las fotografías de un Saura que a los 77 años sigue pensando en nuevos proyectos.

 

Comprender la mirada global de unos artistas que trascienden los límites del arte, entender la profundidad de un cine en cambio permanente es apreciar el talento de sus creaciones. El reencuentro con las obras de Saura y Buñuel, ya sean en fotografía o en celuloide, siempre nos revelan nuevas perspectivas y lecturas inesperadas.

 

 

 


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